Opinión


A propósito del “pin parental”       (Conchi García)      

¿Es  necesario este debate en la sociedad actual? Quizás sí. Quizás precisamente ahora, sí.

Hasta el momento nunca había surgido esta petición de permiso por parte de la escuela pública a los padres para desarrollar con normalidad las tareas docentes dentro de  su competencia curricular. Con ningún gobierno. Ni con la derecha, ni con el centro ni con la izquierda. Jamás este tema ha estado en el candelero de los medios de comunicación.
Ha ocurrido cuando la educación pública por fín y a lo largo de mucho tiempo se ha ido democratizando  y abriendo a la sociedad. Todas estas ideas avanzadas a su tiempo yo las estudiaba a finales de los setenta  y comienzos de los ochenta en la carrera de Filosofía y Ciencias de la Educación. Sección Pedagogía. Uno de los libros que más me marcó  y me influyó fue “La escuela a debate” escrito por un profesor de Educación en la Universidad de Estocolmo. Torsten Husén.

Mi diagnóstico sobre la situación queda reflejado en los siguientes apartados:
En primer lugar el pin parental parece un amago de subordinar la educación pública a la privada, y no digo a la concertada, ya que por sostenerse con fondos públicos, tendría también que sujetarse al cumplimiento de cierta normativa.
Pero habría más razones para que este tema se encuentre presente en las primeras páginas de la prensa, en los titulares de los telediarios y en las tertulias televisivas y radiofónicas.

1.- Una de ellas, en mi opinión, es la confusión entre actividades complementarias curriculares y actividades extraescolares, y me explico:
Lo que sí llevamos haciendo los docentes desde que yo recuerdo es pedir permiso a las familias para la realización de actividades extraescolares ya que éstas sí requieren para realizarse el permiso de las familias porque implican un horario diferente que no se corresponde con el estrictamente “ escolar y obligatorio para todos “.
Pues bien, a partir de aquí se han mezclado  y confundido conceptos que no deben solaparse. Ambas actividades, las complementarias extraescolares que se realizan fuera de horario escolar y las lectivas son curriculares, sin embargo y ahí estriba la diferencia, unas son obligatorias, las primeras  a causa del horario en el que se imparten y otras, no, las segundas.

2.-Por otra parte, los profesores enseñan sus respectivas materias de aprendizaje pero ni el niño ni  el joven están divididos en compartimentos estancos, constituyen un todo, por eso no se puede deslindar la enseñanza de la educación en valores en ningún momento del proceso educativo.

3.-Además, en la sociedad actual el papel de la mujer se ha transformado con la incorporación de ésta al mundo laboral. El niño y el joven pasan menos horas en casa con sus padres y más en la escuela por eso el Estado se ha visto obligado a delegar ciertas funciones educativas en las instituciones. Actualmente  la educación en valores democráticos le corresponde al Estado. No ocurría así en el pasado cuando los planes de estudios primarios y secundarios se llamaron “Enseñanza Primaria y  Secundaria”. Desde la ley educativa de Villar Palasí pasó a llamarse “Educación General Básica”. A partir de entonces se ha cambiado el término “Enseñanza por Educación”.
Por tanto, la escuela tiene la obligación de educar a todos los alumnos en los valores humanistas, sociales, democráticos y constitucionales. Es obligación de la escuela alcanzar la formación integral del alumno así como el desarrollo de su personalidad.

4.-De otro lado, y reflexionando sobre las competencias de cada Órgano  en la Comunidad Educativa me voy a referir en primer lugar al Proyecto Educativo de Centro (competencia compartida por toda la comunidad educativa) , Desarrollo Curricular ( competencia exclusiva de los profesores a través del Claustro) y la Programación General Anual ( cuya elaboración compete al Equipo Directivo que  coordina las propuestas del profesorado y de los padres).Estos documentos programáticos, son aprobados en los Consejos Escolares donde participan los padres de alumnos. Ahí tienen las familias su papel y con un gran poder decisorio.
Por tanto, el llamado “pin parental” no conduce a ningún puerto ya que el nivel competencial de los documentos del Centro  no corresponde al padre en particular sino a los Órganos ejecutivos y decisorios del Centro Educativo.

5.-Para terminar concluyo aludiendo a la imposibilidad de que una norma de rango inferior de una Comunidad Autónoma contravenga a otra de rango superior como es la Ley de Educación actual, LOMCE en cuyo artículo 1 alude a la “formación integral del alumno”, a las propias normas  autonómicas y a la Ley Igualdad y Contra la Violencia de Género.

Se hace urgente, desde ya, un Pacto de Estado para la educación.
                       
          


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